Cuentan las crónicas de la conquista de Méjico que, cuando Hernán Cortés inició el viaje hacia la capital azteca, Tenochtitlán, el emperador Moctezuma, que temía a Cortés y no deseaba su llegada a la ciudad, le envió unos guías para que le llevasen por la ruta más larga, pesada y peligrosa.
Pese a todo, con muchos esfuerzos, tiempo y algunas pérdidas, Cortés, finalmente, llegó a la capital del imperio azteca.
Podría decirse que logró su objetivo. No obstante, una vez conquistada la ciudad, Cortés supo que existía otro camino mucho más corto, cómodo y seguro que aquel por el que le llevaron los guías de Moctezuma.
Esto sucede de una manera muy parecida en la asistencia psicológica a personas con dificultades en su vida.
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